lunes, 11 de agosto de 2014

Una respuesta inesperada

La historia que detallo a continuación ocurrió cuando era practicante hace ya varios años, la clase era un primer año de secundaria y el tema a trabajar era expresiones algebraicas (como paso inicial al trabajo con ecuaciones).
Lo inusual de la misma reside en el hecho de que uno de los estudiantes (sumamente capaz, por cierto) se empeñó en manifestar que los métodos propuestos eran una pérdida de tiempo, inútiles e innecesarios. Paso a detallar que nuestra idea para trabajar el tema, era comenzar con ejercicios o situaciones problemáticas simples que fueran abriendo las puertas para el trabajo futuro, en el cual trataríamos los métodos de resolución de ecuaciones lineales.
El problema era que nuestro amigo (llamémosle Luis para hacerlo más ameno) Luis continuaba en su esfuerzo por destrozar cada argumento que llevábamos a la clase para convencerlos de usar los métodos de resolución para ecuaciones. Cabe aclarar que en el sistema de trabajo para profesores de enseñanza secundaria en el que me formé; la práctica docente se realiza en "pares" o "parejas pedagógicas" como las llamaban nuestros docentes.
Así que allí estábamos, dos estudiantes de profesorado, intentando convencer a un grupo de adolescentes de las ventajas de usar ciertos métodos, con la presión de nuestros docentes que realizaban observaciones de nuestros procedimientos y evaluaban nuestros "procesos",  siendo virtualmente destrozados por un joven de respuesta muy vivaz y argumentos aplastantes.
Luis era muy capaz, de esto no había dudas, algo desorganizado por cierto; pero su peor problema era la hiperactividad, no podía quedarse quieto, incluso no podíamos evitar que resolviera nuestras propuestas en segundos y luego gritara el resultado a viva voz, arruinando el trabajo para todos, o que al proponer una prueba escrita se dispusiera a hacerle la prueba a los compañeros luego de terminar la propia, ya debe haber quedado claro que si bien su actividad era inusual sus calificaciones para todas las materias era ampliamente insuficiente debido a su "conducta".
Lo que motiva esta historia de todas maneras es lo sucedido en un día en particular; aquel que decidimos darle una lección a Luis y dejar de una vez y por todas que no toda situación podía ser solucionada usando la "habilidad" alguna vez era necesario estudiar. Para ello preparamos un problema cuya dificultad estábamos seguros que iba a obligar a Luis a decir "me rindo", un sistema de 2 ecuaciones con 2 incógnitas, les reitero que el grupo era un primer año de secundaria, el tema superaba ampliamente las características de complejidad previstas para ese nivel, además podíamos estar seguros de que Luis no había estudiado como resolver sistemas en primaria.
Planteamos entonces nuestra estrategia seguros de una ansiada victoria:
-Un granjero posee en un corral gallinas y conejos, si entre ellos hay 50 cabezas y 128 patas ¿Cuántas gallinas y Conejos hay?-
Muy bien, tienes los 45 minutos de clase para resolver el tema, antes del final si no tienes la respuesta daremos la solución en clase. Nos dispusimos a trabajar el tema del día con el resto del grupo dejándolo para que solucionara la cuestión, pero a los 5 minutos oh oh, Luis levanta la mano y dice hay 36 gallinas y 14 conejos (respuesta correcta!), no no no no... no puede ser, nos miramos con mi compañero y dijimos ¿ya lo sabía?
Nos - A ver Luis ¿Cómo encontraste la solución? ¿Tu ya sabes operar con sistemas de ecuaciones?
Luis - No, si eso no se precisa.-
Nos - Y ¿Cómo hiciste?
Luis-Fácil
         Tengo 50 cabezas no?, si fueran todos conejos tendría 200 patas.
Nos -Correcto.-
Luis - Ahora como tengo 128 patas nada más, me faltan 72 patas, y por tanto hay 36 Conejos que en realidad son Gallinas.-
Jamás podré contarles la cara que pusimos, y no he podido explicar cómo se le ocurrió esa solución, para mejor se le había ocurrido a uno de nuestros docentes estar presente en esa clase para realizar una observación.
 Eso sí, ese día nos enteramos que en primaria se comportaba igual, de manera que la maestra entre otras cosas le había pedido que escribiera los números del 1 al 100 usando 4 veces el número 4, y lo había hecho casi todo, en realidad quería saber si nosotros le permitíamos usar raiz cuadrada para encontrar los 2 números que le faltaban o si debía usar raíz cuarta.
Una respuesta sumamente inesperada. 

1 comentario:

  1. Estas historias son más comunes de lo que imaginamos, queda de manifiesto, que la conducta esta fuera del aprendizaje-conocimiento. Muchas de las veces valoramos la actitud y dejamos aún lado la aptitud; sí van de la par, pero se debe reonocer la diferencia, cada individuo muestra habilidades inhatas. Seamos más obsevadores al evaluar y calificar.

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