jueves, 20 de marzo de 2014

Aprender a resolver ecuaciones


Pablo Mateus es un profesor uruguayo que conocí a través de este blog Matemática Clara. Pablo me hizo llegar un texto y, generosamente, ofreció compartirlo en Matemática Clara. Dice así:

Una Respuesta inesperada
La historia que detallo a continuación ocurrió cuando era practicante hace ya varios años, la clase era un primer año de secundaria y el tema a trabajar era expresiones algebraicas (como paso inicial al trabajo con ecuaciones).
Lo inusual de la misma reside en el hecho de que uno de los estudiantes (sumamente capaz, por cierto) se empeñó en manifestar que los métodos propuestos eran una pérdida de tiempo, inútiles e innecesarios. Paso a detallar que nuestra idea para trabajar el tema, era comenzar con ejercicios o situaciones problemáticas simples que fueran abriendo las puertas para el trabajo futuro, en el cual trataríamos los métodos de resolución de ecuaciones lineales.
El problema era que nuestro amigo (llamémosle Luis para hacerlo más ameno) Luis continuaba en su esfuerzo por destrozar cada argumento que llevábamos a la clase para convencerlos de usar los métodos de resolución para ecuaciones. Cabe aclarar que en el sistema de trabajo para profesores de enseñanza secundaria en el que me formé; la práctica docente se realiza en “pares” o “parejas pedagógicas” como las llamaban nuestros docentes.
Así que allí estábamos, dos estudiantes de profesorado, intentando convencer a un grupo de adolescentes de las ventajas de usar ciertos métodos, con la presión de nuestros docentes que realizaban observaciones de nuestros procedimientos y evaluavan nuestros “procesos”,  siendo virtualmente destrozados por un joven de respuesta muy vivaz y argumentos aplastantes.
Luis era muy capaz, de esto no había dudas, algo desorganizado por cierto; pero su peor problema era la hiperactividad, no podía quedarse quieto, incluso no podíamos evitar que resolviera nuestras propuestas en segundos y luego gritara el resultado a viva voz, arruinando el trabajo para todos, o que al proponer una prueba escrita se dispusiera a hacerle la prueba a los compañeros luego de terminar la propia, ya debe haber quedado claro que si bien su actividad era inusual sus calificaciones para todas las materias era ampliamente insuficiente debido a su “conducta”.
Lo que motiva esta historia de todas maneras es lo sucedido en un día en particular; aquel que decidimos darle una lección a Luis y dejar de una vez y por todas que no toda situación podía ser solucionada usando la “habilidad” alguna vez era necesario estudiar. Para ello preparamos un problema cuya dificultad estábamos seguros que iba a obligar a Luis a decir “me rindo”, un sistema de 2 ecuaciones con 2 incógnitas, les reitero que el grupo era un primer año de secundaria, el tema superaba ampliamente las características de complejidad previstas para ese nivel, además podíamos estar seguros de que Luis no había estudiado como resolver sistemas en primaria.
Planteamos entonces nuestra estrategia seguros de una ansiada victoria:
-Un granjero posee en un corral gallinas y conejos, si entre ellos hay 50 cabezas y 128 patas ¿Cuántas gallinas y Conejos hay?-
Muy bien, tienes los 45 minutos de clase para resolver el tema, antes del final si no tienes la respuesta daremos la solución en clase. Nos dispusimos a trabajar el tema del día con el resto del grupo dejándolo para que solucionara la cuestión, pero a los 5 minutos oh oh, Luis levanta la mano y dice hay 36 gallinas y 14 conejos (respuesta correcta!), no no no no… no puede ser, nos miramos con mi compañero y dijimos ¿ya lo sabía?
Nos – A ver Luis ¿Cómo encontraste la solución? ¿Tu ya sabes operar con sistemas de ecuaciones?
Luis – No, si eso no se precisa.-
Nos – Y ¿Cómo hiciste?
Luis-Fácil
Tengo 50 cabezas no?, si fueran todos conejos tendría 200 patas.
Nos -Correcto.-
Luis – Ahora como tengo 128 patas nada más, me faltan 72 patas, y por tanto hay 36 Conejos que en realidad son Gallinas.-
Jamás podré contarles la cara que pusimos, y no he podido explicar cómo se le ocurrió esa solución, para mejor se le había ocurrido a uno de nuestros docentes estar presente en esa clase para realizar una observación.
Eso sí, ese día nos enteramos que en primaria se comportaba igual, de manera que la maestra entre otras cosas le había pedido que escribiera los números del 1 al 100 usando 4 veces el número 4, y lo había hecho casi todo, en realidad quería saber si nosotros le permitíamos usar raiz cuadrada para encontrar los 2 números que le faltaban o si debía usar raíz cuarta.
Una respuesta sumamente inesperada.

Saludos de Uruguay
Pablo Mateus

Gracias Profe. Tu relato en primera persona es muy valioso; nos ayuda a pensar, reflexionar y así comprender un poco más cómo se arman los malentendidos en la clase de matemática. Nunca los superaremos si los naturalizamos, ¿no te parece?

Para los que quieran visitar el blog de Pablo acá va su link:  http://denumeros.com/es.html



 Pablo dice:
Muy cierto, lo que más me preocupa es que nunca más volví a saber de él, creo que quedó perdido en un sistema que no lo comprendía, realmente pienso hasta el día de hoy que estuve ante una de las mentes más brillantes de mi vida, pero no supimos valorarlo.

  
Esperanza dice:
Yo creo que a los “maestros” de hoy no les interesan en lo más mínimo los alumnos, aún cuando tienen estos talentos, pues siendo usted maestro porque no pedir a los padres de su alumno el seguir en contacto con él, quizás aprendería usted más de él, que él de usted.
Con tanta tecnología, si le interesara podría buscarlo por Internet.
Yo pienso que debería llamárseles a todos “Instructores”, pues muy poquititos pueden llamarse MAESTROS en realidad.


Isabel Ortega dice:
Esperanza:
¿Podrías extenderte un poco más en el comentario? Es muy interesante y me gustaría saber un poco más. Gracias por comentar en Matemática Clara

   
Isabel Ortega dice:
Esta es la respuesta que me envió Esperanza por mail:
¡Claro!, pienso que hoy en día la mayoría de los instructores de clases “maestros” de cualquier materia de que se hable, solo se dedican a maltratar a los alumnos, a imprimirles miedo, a castigarlos, por su incapacidad de saber manejarlos y sé que no toman en cuenta que vale mucho la pena ponerles atención a cada uno de estos alumnos, porque tienen mucho potencial, el cual es mermado por la indiferencia, porque estos instructores se concretan solo a “lo que les toca” a dar su clase y ya, creo que los alumnos de ciertas edades (menores) tienen mucho que enseñarnos porque ellos ven las cosas de otra manera, (sana, natural, verdadera) pero me da la impresión de que estos señores, los acallan con tanta indiferencia y maltrato, llegando a atemorizarlos y originando su rebeldía.
Además pienso que no basta tomar en cuenta solamente a los alumnos que son especiales por sus capacidades , considero que estos instructores deben ser capaces de sacar esas capacidades intelectuales que lleva cada alumno, a esto si le llamaría yo ¡ser un Maestro!.
Posiblemente ustedes dirán y esto que tiene que ver con la historia que se relató aquí?
Pues simple y sencillamente porque el relator dice que solo hasta un determinado momento se dio cuenta de la capacidad de razonamiento especial que tenía uno de sus alumnos. Esto quiere decir que nunca antes se percato, ni le importó ese alumno, sino hasta después de que vio que él era sorprendentemente inteligente, pero aún así le dio poca importancia, porque quizás pudiese haberlo orientado, ayudado a encontrar un camino hacia una buena carrera, o simplemente seguir conectado con él, sino que cómoda y simplemente lo dejó ir, porque no le importó ni éste, y mucho menos ningún otro alumno.

  Pablo dice:
Esperanza, lamento que opines así, y en realidad creo que no comparto tu visión de la historia (o de mi forma de practicar la docencia) no es cierto que yo no preste atención a los alumnos o no me interese su forma de pensar o ser.
Orientar a los alumnos es tarea de todos los días, lamentablemente no es viable dar seguimiento personalizado a los 200 alumnos que tengo a la fecha (porque al vivir de esto no puedo darme el lujo de tener pocas horas de clase).
A su vez nosotros intentábamos enseñarle la importancia del estudio, no que dejara de hacerlo.
En fin sobre opiniones no hay nada escrito, pero para hablar de docencia, “hay que estar en el baile”.


Isabel Ortega dice:

Esperanza: Te recuerdo que Pablo, en el relato sobre el alumno que hizo al comienzo, ser refería a su época de estudiante de Profesorado. Interpreto que Pablo, con mucha humildad, detalla una anécdota de algo que aprendió con esa situación impactante que detalla.

Pablo:
Es cierto lo que decís pero me dejaste intrigada. ¿Cuántas horas de clase semanales estás dando actualmente? Es importante saberlo para hacerse una idea de lo que estás hablando.
Gracias por comentar en Matemática Clara.

   
Pablo dice:
Son 20 horas semanales más 4 de coordinación, eso es tiempo de docencia directa, luego viene planificación, diagnóstico, sociograma, corrección registros de proceso, en fin todo lo que se hace antes y después de cada clase.
Las tareas domiciliarias, los trabajos escritos no son trabajo diario pero existe y consume mucho (como ya sabes) incluso no hablaré del proyecto del centro educativo o la atención a los estudiantes con dificultades (a quienes se da clases de apoyo) o las horas que tengo que dedicar a descifrar textos ilegibles por las carencias en sintaxis y ortografía.
Cabe aclarar que abandoné (al menos por este año) el trabajo en las Aulas Comunitarias (Proyecto de inclusión social para adolescentes excluidos del sistema educativo formal) porque sino mi vida familiar no existía.
Vamos a sumarle mi segundo empleo administrando servidores web (única forma de ganar un sueldo digno)
Recordemos que en Uruguay la canasta básica cuesta unos 1500 dólares mensuales y el sueldo de un docente es entre 450 y 500 dólares mensuales.

  
Pablo dice:
No soy San Pedro, pero creo que al menos hago lo que puedo para ayudar, no es falta de voluntad, pero grupos de 35 alumnos (y todos los días agregan más) situaciones sociales que dan pena, alumnos con carencias alimenticias, de ropa, de afecto, etc.
No busco ganarme un premio, pero no veo justo que se me diga que no me importa lo que les pasa a mis alumnos.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario