jueves, 10 de octubre de 2013

Las computadoras en la escuela

por Isabel Ortega

Publicado en “Versiones”, revista del proyecto La UBA y los Profesores Secundarios,  Año 1 Nº 1.

Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Mayo de 1992.

Todos queremos que los chicos incorporen en la escuela la mayor cantidad posible de experiencia para desenvolverse en el mundo que les toque vivir. A veces me pregunto si no hubiera sido útil que en la escuela donde yo estudié hubiera podido disponer de una máquina de escribir para hacer mis trabajos. Supongo que hubiera adquirido una destreza que nunca tuve la posibilidad de desarrollar a pesar de depender tan a menudo de esa máquina para hacer mis trabajos profesionales. Así como éste hay muchos ejemplos de avances tecnológicos que quedaron “afuera de la escuela”. Pero creo que lo que se pierde es mucho más que el desarrollo de una destreza: es la posibilidad de una estimulación profunda. Una escuela en la que los chicos tengan a mano computadoras, cámaras fotográficas, teléfonos, aparatos de fax, fotocopiadoras, etcétera, puede convertirse en el medio propicio para una rica experiencia comparable con una escuela con huerto escolar o cooperativa de producción.
Las reflexiones que siguen valen para cualquier tecnología que ayude a trabajar en clase pero nos detendremos en el caso especial de las computadoras.
La idea es pensar a las PC como una herramienta. No se trata de que la escuela deba volverse esclava de la computadora, sino que las use para proponer actividades que estimulen el aprendizaje de los alumnos.
Es claro que las computadoras en la escuela aparecen como un signo de educación avanzada, de alto nivel científico y técnico. Las instituciones educativas privadas no dudan en incluir este detalle en la promoción de los servicios que ofrecen. Pero, ¿qué lugar ocupan en la tarea de todos los días?, ¿en qué puede ayudar una computadora al docente a la hora de trabajar con sus alumnos? El problema consiste en encontrar una relación válida entre lo que la computación ofrece y la tarea profesional del docente.
Este problema es el mismo que plantea cualquier otro recurso que modifica concretamente la tarea del aula y es responsabilidad del docente hacer que esa influencia sea positiva. Hasta la tiza y el pizarrón pueden ser usados como un fin en sí mismos o como medios de hacer ricas experiencias de aprendizaje. Tanto se puede escribir con tiza un cuadro sinóptico que alumno copie y luego olvide, o anotar los resultados de una experiencia “única” que sea fuente de un aprendizaje profundo.
Pero las computadoras, como los teléfonos, los aparatos de fax y tecnologías por el estilo tienen el engañoso aspecto de motivar fuertemente a los chicos y a los padres. Si llevamos al aula teléfonos celulares (por decir una exageración), los alumnos estar n ansiosos por usarlos sin plantearse en absoluto “para qué sirve” lo que van a hacer. El docente se encuentra entonces con un alumnado interesado, expectante, y tiene que decidir qué hacer a esa altura. Los chicos no se desilusionarán si los usan para comunicarse con la hora oficial, para jugar al teléfono roto o para armar un sistema de consulta de datos entre centros de investigación. Se puede hacer una clase expositiva o una clase activa, se puede “dictar” la clase o proponer una actividad rica en posibilidades de aprendizaje. Algo así pasa con las computadoras; la PC por sí sola no enseña, como no lo hacen los teléfonos ni la tiza.
Entonces el docente tiene que afrontar el problema del ingreso de los ordenadores a la escuela del mismo modo que cualquier otro profesional que quiere informatizar su trabajo. Si un escritor decide comprar una computadora con un procesador de textos quizás piense hacer su trabajo más cómodamente, pero la computadora en sí misma no va a conseguir que sus libros sean mejores. Un bibliotecario, que “carga” títulos y autores en una base de datos, seguramente hizo un curso o recibió instrucciones de manejo del sistema pero lo más importante es que domine la bibliografía. De la misma manera que el escritor del ejemplo debe saber escribir, un docente que usa computadoras tiene que dominar fundamentalmente el arte de enseñar. En cuanto a los detalles del manejo de la computadora, los consultará a quien sabe más, los aprenderá de un manual o tomará un curso de tal o cual lenguaje o utilitario.
Parece claro que un técnico en informática no puede reemplazar al bibliotecario ni al escritor de nuestro ejemplo por más que domine la computación y tampoco puede hacerlo con el docente. De la misma forma que un bibliotecario aporta a la tarea con computadoras todo lo que sabe de su profesión, un empleado de banco sus conocimientos de contabilidad y un médico el manejo de la medicina, el docente que usa computadoras para enseñar, aprenderá a usar las máquinas para ver qué le ofrecen a su tarea docente, pero elaborará sus clases en base a su filosofía de la educación y en función de los contenidos que quiere lograr.
El experto en Informática, el docente de Computación y el docente que usa computadoras
El técnico en Informática es un especialista en el manejo de computadoras, que debe programarlas para que resuelvan cálculos, problemas de lógica, para que impriman en papel determinadas cosas, para que almacenen datos, procedimientos, etcétera. Es comparable al rol del Ingeniero en Electrónica para el caso de los aparatos de televisión.
Un docente de Computación se encarga de enseñar lo que sabe el experto y su objetivo es conseguir que sus alumnos se conviertan en especialistas. Tiene en cuenta contenidos y objetivos para nivel primario, secundario, universitario o extraescolar (en el caso de los institutos de computación). Es el caso del profesor universitario de la Licenciatura en Sistemas, el docente que enseña a usar el procesador de textos o el que se propone que chicos de siete años programen en Logo.
Un docente que usa computadoras para enseñar no es un experto en informática ni se propone que sus alumnos lo sean pero está dispuesto a usar computadoras para brindar a sus alumnos experiencias más ricas que las habituales.
Tomemos un ejemplo. El técnico en Informática conoce todos los tipos de impresoras, el papel que utilizan, las ventajas y desventajas que ofrecen según su tamaño, tipo de corriente que usan, cinta, etcétera. El docente de Computación adiestra a sus alumnos en el uso de la impresora de acuerdo con la aplicación que le vayan a dar. Si se trata de una secretaria la guiará para que sus escritos tengan el formato correspondiente y no tengan errores, si es un cajero de banco verá que consiga obtener rápida y fácilmente sus registros en papel. El docente que usa computadoras conoce el manejo de su impresora, los detalles mínimos de instalación que le permitan usarla sin depender de otra persona y el mantenimiento mínimo, como por ejemplo, cambiarle la cinta. Recibió instrucciones para usarla pero recurre al manual en busca de respuestas. Deberá plantearse una primera etapa de trabajo en la que usará la impresora para hacer sus propios escritos. Al imprimir planificaciones, planillas, notas de investigación, etcétera, hará una experiencia en la que la impresora le ayude a relacionarse con el material que produce de una forma nueva.
En base a este aprendizaje le queda por crear actividades con la impresora que pueden ayudar a trabajar a sus alumnos. Es el momento en que el docente enfrenta el desafío de revalorizar su profesión como creador de situaciones de aprendizaje en función de ideas claras acerca de su rol, no ya como persona que expone lo que sabe, sino como mediador entre la cultura computacional y sus alumnos.
Por ejemplo, en un taller de escritura las computadoras pueden desempeñar un papel fundamental ya que, imprimir los trabajos hechos con la ayuda del procesador de palabras determina una relación muy rica con la palabra escrita. No se trata, como podría pensarse, simplemente de obtener una copia pulcra sino de que cada chico, gracias a la impresora, pueda disponer no sólo de una copia de la producción de cada uno de sus compañeros sino también de su propio trabajo en las distintas etapas de elaboración. Este manejo de la producción literaria hace una diferencia en el taller de escritura y tal diferencia es lo que le interesa al docente.

La entrada de las computadoras en la escuela abre así la posibilidad de que el docente las use para sus trabajos y que enseñe a usarlas pero fundamentalmente da lugar a la reflexión profunda sobre el sentido final de la tarea docente y de cómo lograr que los alumnos se preparen para participar de una nueva forma de cultura.

Nota de Isabel:
Hace muchos años que escribí este artículo pero lo traigo acá porque me parece que todavía tiene actualidad.







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